Un día para recordar: el oficio de ser ciudadano, 11 de septiembre de 2014

Hoy lo tengo complicado para explicar la experiencia colectiva vivida el jueves pasado en las calles de Barcelona. Por tanto este post es más una expresión de mi vivencia personal que un intento de explicar y analizar la manifestación de la V del día 11 de septiembre, la Diada de 2014. Creo que las imágenes que habréis visto hablan por sí solas. Una multitud de ciudadanos alegres, ilusionados, y a la vez conscientes de la responsabilidad y el compromiso que implica mantener viva la reivindicación. Una multitud feliz de comprobar una vez más que somos muchos los que queremos un futuro diferente -la independencia de Cataluña-, y que estamos dispuestos a lucharlo juntos por las vías democráticas a nuestro alcance. La primera y prioritaria: la consulta del 9 de noviembre. Y yo, de nuevo, con esta sensación de ¡qué suerte tengo de vivir en Cataluña en estos momentos!

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Una de las cosas mejores de sumergirse en una movida como la del 11 de septiembre es sentir con intensidad esa emoción que activa lo mejor de nosotros mismos, como personas y como ciudadanos. No es una emoción irracional o fanática, como muchos piensan o quieren hacer pensar. Es una emoción sincera, honesta, serena, que nos conecta con una dimensión de nuestra persona que tantas veces tenemos olvidada: la dimensión política. Como bien decía Aristóteles la persona es zóon politikon (animal político). Perdonad la filosofada, pero no me he podido contener.

Es esa emoción la que recupera para nuestra conciencia nuestra dimensión política, y recupera para nuestra acción diaria el oficio de ser ciudadano. Ese segundo oficio que tenemos todos y del que todos somos aprendices y maestros a la vez. Ese oficio que nos tocará ejercer cada día hasta el 9 de noviembre de una manera muy especial. Un oficio que sólo se hace bien si se hace con esa motivación que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos.

El jueves pasado en la calle estábamos ejerciendo de ciudadanos y  a la vez recordando cuáles son las tareas de ese oficio. Las que tenemos ya dominadas cada uno, y aquellas en que nos falta estudiar o practicar. Recordando cuáles podemos perfeccionar por nosotros mismos y cuáles sólo se pueden ejercer si las instituciones políticas que hemos elegido hacen bien su papel.  Recordando la lucha de tantos ciudadanos que ha hecho posible que estemos hoy aquí, desde los ciudadanos de la Barcelona de 1714 hasta los de anteayer. Recordando que es un oficio que sólo se puede hacer en grupo, organizándonos desde la cooperación generosa y responsable.

Y en este segundo oficio todos los que salimos a la calle el día 11 somos iguales: trabajadores, parados, precarios, cuidadores, activistas, directivos, intelectuales, artistas, técnicos, profesionales de los diferentes ámbitos, deportistas, políticos… y a la vez cada uno lo adapta a su vida habitual. Las competencias y técnicas que hemos perfeccionado en nuestros distintos oficios y experiencias las podemos utilizar en estos meses para mejorar nuestro desempeño del oficio de ciudadano: capacidades comunicativas, técnicas, de análisis, de organización, de logística,… Y también podemos aprovechar los espacios de incidencia social que cada uno tenemos. De la conversación tú a tú con nuestros vecinos y amigos, hasta las declaraciones de los que tienen proyección pública. De las actividades en familia o en las asociaciones en las que participamos en nuestro día a día, hasta la participación activa en campañas y eventos varios.

Y todo esto por supuesto asumiendo riesgos y aceptando un grado de incertidumbre que no es menor. ¡Son los gajes del oficio!, del oficio de ciudadano. No somos unos descerebrados ni unos ingenuos. Somos conscientes de las dificultades de la articulación de nuestras reivindicaciones democráticas con la legalidad vigente, del reto que supone ejercer la muy probablemente necesaria desobediencia civil. Vivimos cada día el milagro de sumar personas y grupos diferentes, un milagro que en muchos momentos camina por la cuerda floja. Comprobamos una y otra vez que los cambios generan resistencias y bloqueos en las personas y en las organizaciones. Sentimos, y sufrimos,  la tensión que genera la lucha de intereses, de los legítimos y de los que no lo son. Pero estamos convencidos de que saldremos adelante, ¡y con el arte del buen oficio!

Cuando estábamos el la V teníamos la sensación de vivir un día histórico que todos recordaremos dentro de un tiempo. Lo recordaremos como un día importante en nuestra biografía y también en la historia colectiva de la sociedad de la que formamos parte. Lo recordaremos porque nuestro presente será resultado del futuro que soñamos un 11 de septiembre de 2014. Del futuro que soñamos juntos en la calle; pasando calor, riendo, aplaudiendo, cantando, abrazándonos, y haciéndonos fotos. Cargándonos de la energía política que necesitamos para construir ese futuro que sólo es posible si todos, todos, hacemos nuestra parte del trabajo.

DERECHO A DECIDIR el futuro de Cataluña: la irreductible reivindicación ciudadana.

Mucha de la gente con la que hablo sigue teniendo la sensación de que la reivindicación del “derecho a decidir”, el activismo pro consulta del 9 de noviembre, y en general todo el activismo ciudadano que genera el proceso de Cataluña, es una gran burbuja provocada por un sector minoritario con gran poder de influencia. Esta percepción les ayuda a mantener una ilusión: que la burbuja se puede pinchar en cualquier momento. Y que esto podría ocurrir bien por algún error o problema de ese grupo minoritario – que identifican como formado sólo por partidos y organizaciones independentistas-, bien porque la ciudadanía consiga liberarse de la “manipulación” a la cual, suponen ellos, éstos la tienen sometida.

¡Nada más lejos de la realidad! El derecho a decidir es una reivindicación ciudadana mayoritaria, plural y transversal en la sociedad catalana. Las encuestas de todo tipo confirman que hay entre un 70-80% de ciudadanos que queremos un referéndum. Pero no sólo tenemos este dato cuantitativo, tenemos datos cualitativos mucho más relevantes. La mayoría de entidades, grupos, organizaciones, plataformas de todo tipo han debatido en sus órganos y espacios de participación sobre el derecho a decidir. Y la gran mayoría se han posicionado a favor y se han comprometido en las iniciativas que promueven el ejercicio de ese derecho. Sólo un dato: el “Pacte Nacional pel Dret a Decidir” (Pacto Nacional por el Derecho a Decidir) tiene más de 3.000 entidades adheridas.

¿Qué significa esto? Que la mayoría de los ciudadanos que participamos activamente en la sociedad ,vía organizaciones muy diversas -sociales, culturales, vecinales, ONG, religiosas, sindicales, patronales, etc.-, hemos hecho un proceso de análisis y reflexión sobre el “derecho a decidir”, nos hemos posicionado a favor, y nos hemos implicado en acciones para defender su ejercicio. Por eso estoy convencida de que, por mucho que algunos quieran y por muchas dificultades que surjan, esta reivindicación ciudadana no sólo no va a retroceder sino que se va a hacer más fuerte; y que conseguirá hacer viable el ejercicio del derecho a decidir por una vía u otra. Es por ello que yo le llamo “la irreductible reivindicación ciudadana”. Según el diccionario de la Real Academia Española algo “irreductible” es algo “que no se puede reducir”- “Reducir: 1) volver al lugar donde antes estaba o al estado que tenía, 2) disminuir o aminorar,…” Es decir: la reivindicación ciudadana que reclama poder decidir el futuro de Cataluña por la vía del voto en referéndum no tiene marcha atrás, no se desactivará, no disminuirá.

Y para que esto no sean sólo afirmaciones genéricas que mis amigos y familiares aceptan en general porque se fían de mi, les suelo poner algunos ejemplos concretos. Los ejemplos son de las organizaciones en las que yo participo, pero estoy segura que si le preguntáis a cualquier ciudadano de Cataluña implicado socialmente os podrá poner los suyos. Y que si preguntáis a unos cuantos la lista crecerá en cantidad y diversidad más rápido de lo que podéis imaginar.

Os pongo citas de documentos públicos que explican qué decimos sobre el derecho a decidir los ciudadanos que formamos parte de: CCOO de Cataluña, Entidades católicas y de inspiración cristiana, la asamblea de movimientos sociales del Forum Social Catalan y la FAVB (Federación de Asociaciones de vecinos y vecinas de Barcelona). Todas estas organizaciones forman parte del Pacto Nacional por el Derecho a Decidir. La traducción al castellano es mía.

Resolución del X Congreso de CCOO de Cataluña (Comissió Obrera Nacional de Catalunya), “El sindicato de clase y nacional por el Derecho a Decidir”, Diciembre 2012

Desde su fundación, la Comisión Obrera Nacional de Cataluña siempre ha estado al frente de la lucha para hacer converger las aspiraciones sociales de la clase trabajadora y las reivindicaciones nacionales del pueblo catalán, desde nuestro convencimiento de que los derechos sociales y los derechos nacionales son inseparables. (…)

Ante esta situación, el pueblo de Cataluña ha expresado de manera diversa, ampliamente mayoritaria, a favor del derecho a decidir democráticamente su futuro y avanzar como país. También en contra de los recortes sociales y el desmantelamiento de las estructuras públicas de salud, educación, servicios sociales y dependencia, entre otros.

Conscientes del momento trascendente que vive el pueblo de Cataluña, CCOO defendemos el derecho a la autodeterminación y consideramos que cualquiera de las diferentes opciones que legítimamente puedan plantearse, como el estado federal y plurinacional, un estado independiente o el mantenimiento del estado de las autonomías, entre otros, pasa necesariamente por consultar la voluntad del pueblo de Cataluña expresada en términos democráticos. Sin embargo cualquier consulta debe reunir el indispensable requisito de rigor, plena transparencia y claridad en el proceso.”  http://www.ccoo.cat/pdf_documents/2012/RESOLUCIONS_X_CONGRES.pdf

 

Adhesión al Pacto Nacional por el Derecho a decidir de entidades católicas y de inspiración cristiana, octubre 2013

Cataluña vive un callejón sin salida político y jurídico desde que el Tribunal Constitucional amputó el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, que había sido aprobado por nuestro Parlamento y ratificado por las Cortes del Estado y por referéndum del pueblo de Cataluña.

El pensamiento social de la Iglesia  ilumina esta realidad con la afirmación del pueblo como sujeto de la autoridad política, con la defensa la democracia como sistema y con el reconocimiento de los derechos de los pueblos y de las naciones, entre los cuales el de la autodeterminación.

Los obispos de Cataluña, en Raíces Cristianas de Cataluña (1985) declaraban: “La existencia de la nación catalana exige una adecuada estructura jurídico-política que haga viable el ejercicio de (sus) derechos”. Más tarde, en el documento Al servicio de nuestro pueblo (2011), afirman: “Hoy se han manifestado nuevos retos y aspiraciones, que afectan a la forma política concreta como el pueblo de Cataluña debe articularse y cómo se quiere relacionar con los otros pueblos hermanos de España en el contexto europeo … defendemos la legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y que investigaciones con paciencia la paz y la justicia. “

Así pues, en continuidad con la trayectoria de arraigo en el país y desde los principios enunciados, las entidades abajo firmantes nos adherimos al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, constituido en el Parlamento de Cataluña por un buen número de fuerzas políticas y entidades de la sociedad civil. 

http://catalunyareligio.cat/documents/2013/CridaDretaDecidir.pdfhttp://www.catalunyareligio.cat/articles/48362

 Declaración de la asamblea de Movimientos Sociales en el marco del Forum Social Catalán (Fòrum Social Català) 2014, abril 2014

“Somos movimientos en contra del pago de la deuda, por la detención de los desahucios, por la implantación de una renta garantizada, en defensa de los derechos laborales, por la defensa de la sanidad pública, de la educación pública y de Calidad, por el impulso de la economía solidaria, por una banca ética, los derechos de las mujeres a su propio cuerpo, para la libre circulación de las personas, por políticas que respeten el territorio y la sostenibilidad del planeta, por el derecho a decidir en las opciones políticas, sociales y económicas del pueblo de Cataluña.”  http://fscat.blog.pangea.org/files/2014/04/Declaracio-final-Asamblea-MMSS-FSCat-2014.pdf

 

La FAVB (Federación de asociaciones de vecinos y vecinas de Barcelona) ante el 11 de septiembre, septiembre 2013

“En el caso de la FAVB. El nuestro es un movimiento plural,  en el que conviven diferentes sensibilidades democráticas, desde el mismo independentismo hasta las tradiciones federalistas y republicanas, profundamente arraigadas en la cultura política de las clases populares. La defensa del derecho a la autodeterminación y, hoy, la exigencia insoslayable de una consulta ciudadana sobre el futuro del país, constituyen el denominador común de todas estas opciones. Pues bien, precisamente desde esta pluralidad, la FAVB invita al vecindario de Barcelona a salir masivamente a la calle el 11 de Septiembre y a participar en los diferentes actos reivindicativos de la Diada, fortaleciendo el clamor a favor de la consulta y haciendo patente la presencia de la Cataluña social, hoy sublevada contra el neoliberalismo y los recortes, que siempre ha sido una fuerza motriz decisiva en la lucha por las libertades. El movimiento obrero y el vecinal, el conjunto de entidades sociales y solidarias tenemos una responsabilidad primordial en el proceso abierto. Hay que ir paso a paso, construyendo sólidas mayorías a través del debate abierto y la participación ciudadana; mayorías capaces de sostener proyectos democráticos, evitando situaciones de bloqueo o frustración que pudieran fracturar la sociedad en torno a conflictos de identidad. En este sentido, la realización de la consulta representa en estos momentos el gran reto unificador que aún debemos alcanzar.

Más allá de la Diada, es el modelo de país lo que está en juego. Para nosotros, libertades y justicia social son inseparables.” http://www.favb.cat/node/755   

EN CONCLUSIÓN:

Cuando el próximo 11 de septiembre veáis las calles de Barcelona llenas de ciudadanos y ciudadanas catalanes que reivindicamos poder decidir el futuro de Cataluña, pensad en el poder político que tiene una movilización tan masiva. Un poder que se hace visible en esa imagen, pero que se hace efectivo en el día a día, en las miles de reuniones, actividades, iniciativas, proyectos,… que estamos promoviendo desde un gran número organizaciones y entidades de todo tipo, porque tenemos un objetivo prioritario: votar el 9 de noviembre.

El referéndum sobre la independencia de Cataluña: ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo?

En mis conversaciones, el debate que peor llevo, el que más me cuesta, es el que se centra en el tema del referéndum. Quizá porque es un tema que me parece tan de sentido común en una democracia del siglo XXI, que me resulta difícil entender que se cuestione. Y la mayoría de mis interlocutores tienen todo tipo de dudas y prevenciones. En gran parte a consecuencia del déficit de debate público que hay fuera de Cataluña sobre esta cuestión ¿Por qué se ha de hacer un referéndum? ¿Y por qué sobre la independencia? ¿por qué votan sólo los catalanes? ¿Por qué ahora? ¿No puede esperar?  ¿es constitucional? ¿es legal?

Os aseguro que me entran ganas de contestar simplemente ¿y por qué no? Me parece increíble que gente demócrata -y todos mis interlocutores lo son, creo-  cuestione la utilidad o conveniencia de hacer un referéndum. Me parece evidente que cualquier grupo humano tiene derecho a preguntar sobre un tema que considere relevante para afrontar su presente o planear su futuro. Y considero que preguntar a los ciudadanos es la única manera de tener un mapa fiable de cuáles son sus preferencias y opciones. Es decir, de tener la base principal para proponer cualquier hoja de ruta política. Si la política, ¡claro está!, es gestión de los objetivos y expectativas de una sociedad.

Y si el tema es tan crucial como que una comunidad política se plantee separarse del Estado al que se está vinculada, la necesidad de confirmar la existencia de una mayoría social que apoya este objetivo político me parece irrenunciable. No se me ocurre una mejor garantía democrática para un proceso político (llámesele de secesión o de independencia) de esta envergadura, que empezarlo confirmando que tiene el aval mayoritario de los ciudadanos.

En un artículo de octubre de 2012, Francisco Rubio Llorente lo explicaba con claridad y contundencia:

“Lo urgente, lo inaplazable, es verificar la solidez y el contenido de esas aspiraciones y para esto no hay otro camino que el del referéndum.

Si el nuevo Parlamento respalda la consulta debe presentar una proposición de ley orgánica. Muchos piensan, o pensamos, que éste debería hacerse aunque la Generalitat no lo hubiera pedido. Hace algunos meses en EL PAÍS y pocos días en La Vanguardia, dos intelectuales distinguidos y nada sospechosos de simpatías nacionalistas, Ruiz Soroa y Francesc de Carreras, han reclamado la convocatoria de un referéndum, en el País Vasco el uno y en Cataluña el otro, para verificar si la voluntad de independencia existe, desarmar a los nacionalistas si esa voluntad no tiene la amplitud y solidez que ellos le atribuyen y sobre todo para abrir un debate que, antes de decidir, ilustre a los ciudadanos sobre el significado real de la independencia, sus ventajas y sus inconvenientes. Pero si lo ha pedido —es inexcusable hacerlo, por dolorosa que sea para muchos españoles (entre los que desde luego me cuento)— la idea de una España sin Cataluña.

Si una minoría territorializada, es decir, no dispersa por todo el territorio del Estado, como sucede en algunos países del Este de Europa, sino concentrada en una parte definida, delimitada administrativamente y con las dimensiones y recursos necesarios para constituirse en Estado, desea la independencia, el principio democrático impide oponer a esta voluntad obstáculos formales que pueden ser eliminados.” Un referéndum para Cataluña, Francisco Rubio Llorente, El País, 4 de octubre de 2012

¿A qué ciudadano le puede venir mal un referéndum? De verdad que por muchas vueltas que le doy, no soy capaz de encontrar una razón o un motivo. Otra cosa seria preguntar ¿a qué político o responsable institucional le puede venir mal? O ¿a qué organización, partido, institución, entidad… le puede venir mal? Pero esto último sería una reflexión distinta a la que pretendo hacer en este post.

Sólo hay una explicación que, en algunos casos, me parece que puede justificar las reticencias ante el referéndum: si se olvida o se ignora que éste es, sea cual sea la vía por la que se convoque, consultivo. Por el tono con que algunos -tanto los favorables como los contrarios a la independencia- hablan del resultado de la votación, parece que este tendría efectos jurídico-políticos inmediatos. Si fuera así muchas de las prevenciones serían más que razonables. Sin embargo, cualquier ciudadano medianamente informado que se pare a pensar sobre el tema, descubrirá que lo único que aporta el resultado del referéndum es un dato objetivo sobre el que poder trabajar políticamente. Nada más, ¡y nada menos!

Y lo que ya me parece indefendible democráticamente y hasta surrealista, es el debate sobre el “cómo” que pretende condicionar o neutralizar el “por qué” y el “para qué” del referéndum. Son todos esos discursos que empiezan por el “yo referéndum sí” y se apresuran a matizar “pero según como se haga”. Aquí yo, que soy una persona que tiendo a ser bien pensada, me veo asaltada por sospechas de todo tipo.  Me encantaría pensar que la preocupación por el cómo es una preocupación sincera, honesta, por las garantías democráticas de transparencia, fiabilidad,… de la convocatoria y de la realización del referéndum. Pero me temo que la mayoría de estas preocupaciones son en el fondo intentos de boicotear, por la vía de los condicionamientos legales, la posibilidad de preguntar a los ciudadanos de Cataluña. Quizá es que me estoy volviendo demasiado susceptible…

Entiendo que haya ciudadanos que no quieran la independencia, ¡sólo faltaría!, pero no que haya ciudadanos que no quieran que se vote. Quizá piensan que si no se vota la reivindicación desaparecerá como por arte de magia. Me temo que no… Es más me temo que las estrategias de negación de la realidad, como en otros muchos ámbitos de la vida, pronto se convertirán en callejones sin salida.

Los ciudadanos de Cataluña llevamos más de dos años manifestándonos para pedir un referéndum sobre la independencia. Las encuestas y sondeos hechas por todo tipo de medios, tanto catalanes como españoles, confirman que entre un 70-80% de la población quiere votar. La responsabilidad de los gobiernos de España y de Cataluña es hacerlo posible. Y hacerlo posible incluye buscar las vías legales para hacerlo. Si la legalidad vigente de nuestro Estado de derecho no tuviera mecanismos para ello, la preocupación para mí sería cómo podemos los ciudadanos aceptar sin más ese déficit democrático. Para tranquilidad nuestra, juristas e instituciones del sistema judicial español han explicado que es posible convocar el referéndum dentro del marco legal vigente, y que concretar el cómo es un tema de voluntad política.

Llegados hasta aquí, agosto 2014 -casi dos años después de las elecciones autonómicas de 2012 en las que los partidos favorables al “derecho a decidir” obtuvieron una mayoría parlamentaria amplia- los ciudadanos de Catalunya queremos votar. Consideramos necesario que esté claro, y cuánto antes, el dato de cuál es el apoyo social que tiene la opción de la independencia. Es imprescindible para poder afrontar, con garantías políticas, una hoja de ruta que abra en Cataluña un futuro diferente al mantenimiento sine die del statu quo. Este es nuestro “por qué” y “para qué”.

Por eso en el “cómo” aceptamos, en general sin mayor problema, la única opción legal que hoy nos puede ofrecer el gobierno de Cataluña: una consulta convocada según la Llei de consultes no refrendàries (Ley de consultas no refrendatarias). El cómo nos parece secundario, en tanto que instrumental, si se respeta el por qué y para qué, el objetivo fundamental: preguntarnos a los ciudadanos de Cataluña sobre nuestro apoyo a la independencia.

Algunos, muchos más de los que se cree, hubiéramos preferido un referéndum acordado con el Gobierno de España y aprobado por el Congreso de los Diputados. Pero esta opción ni está ni se la espera. En dos años sólo ha habido negativas por parte del Gobierno a abrir un diálogo que pudiera permitir llegar a un acuerdo sobre el referéndum. Y el Congreso de los Diputados votó por abrumadora mayoría en contra de la petición presentada por el Parlament de Catalunya de autorización del referéndum vía artículo 150.2 de la Constitución Española. El argumento principal de la negativa es una interpretación restrictiva de la Constitución que bloquea de origen cualquier intento de propuesta de referéndum, afirmando taxativamente que es inconstitucional. Supongo que con el inconfesado deseo de que eso acabe convenciéndonos  a los ciudadanos de que nuestros “por qué” y “para qué” son ilegítimos porque son inconstitucionales.  Pero va a ser que no…que no nos podrán convencer.

Javier Pérez Royo lo apuntaba ya en un artículo de julio de 2013:

“Aunque parezca increíble, el presidente del Gobierno está dando a la estrategia independentista en Cataluña una respuesta similar a la del caso Bárcenas. Políticamente el problema no existe y, en consecuencia, el presidente del Gobierno no tiene por qué abordarlo expresamente y dar una explicación a la opinión pública. La independencia de Cataluña, como el caso Bárcenas, es un asunto de tribunales, que, en su momento, dirán lo que tengan que decir. (…)

…en lo que toca a la independencia de Cataluña, esa manera de proceder es suicida. Cataluña no es Bárcenas. La integración de Cataluña en España no es un asunto de tribunales. Es la cuestión política más importante con la que tienen que enfrentarse la sociedad española y su Estado constitucional. No puede tener una respuesta exclusivamente judicial. La posición de España no puede reducirse a la sentencia del Tribunal Constitucional.

Porque en tales circunstancias no puede no crecer la mayoría social catalana contrapuesta a la mayoría social española en lo que a la integración de Cataluña en España se refiere. Y 2014 es un año clave, en el que van a coincidir la celebración de los 300 años de la derrota que rememora anualmente la Diada, la celebración del referéndum en Escocia y el comienzo del ciclo electoral con la celebración de las elecciones europeas. ¿Es tan difícil imaginar lo que va a ser la Diada de 2014?” Cataluña no es Bárcenas. Javier Pérez Royo, El País, 5 de julio de 2013

El próximo 11 de septiembre los ciudadanos de Cataluña volveremos a salir masivamente a las calles a decir que queremos votar el 9 de noviembre de 2014, a reivindicar que queremos #ConsultaSIoSI.

PD: si después de este post, que me ha salido más largo de lo que conviene, todavía tenéis ganas de leer y pensar sobre el tema:

Un referéndum para Cataluña, Francisco Rubio Llorente, El País, 4 de octubre de 2012

http://elpais.com/elpais/2012/10/03/opinion/1349256731_659435.html

Un referéndum que nadie quiere, Francisco Rubio Llorente, El País, 11 de febrero de 2013

http://elpais.com/elpais/2013/02/01/opinion/1359716070_365196.html

Cataluña no es Bárcenas. Javier Pérez Royo, El País, 5 de julio de 2013

http://politica.elpais.com/politica/2013/07/05/actualidad/1373040603_617042.html

¿Se puede apoyar un referéndum de secesión sin ser independentista? Ignacio Sánchez-Cuenca, Eldiario.es 3 de octubre de 2012

http://www.eldiario.es/agendapublica/blog/puede-apoyar-referendum-secesion-independentista_6_52554748.html

¿Qué hace una española como tú en una Cataluña como ésta?

Con este post inauguro un blog que quizá os parecerá un poco raro, pero os aseguro que nace como respuesta a una experiencia que se ha repetido en los últimos meses. Cuando algún amigo o conocido de los que no viven en Cataluña me pregunta cómo me va, lo hace con ese tono, o ese comentario, que da a entender una preocupación: “lo debes estar pasando mal”, “debe ser complicado para ti vivir en Cataluña en este momento tan independentista”, “como española seguro que te sientes marginada”,… En resumen; ¿cómo puede ser que sigas queriendo vivir allí? ¿no estás deseando irte? Yo he decidido tomármelo con humor y traducir mentalmente estas preguntas -que intuyo detrás de los comentarios- por ésta: ¿qué hace una española como tú en una Cataluña como ésta? Parafraseando la célebre ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Y la respuesta que me sale espontáneamente siempre es del tipo: que ¿qué hago? Pasármelo bomba, disfrutar de la experiencia, agradecer la suerte que he tenido. Quizá os sorprenderá, como a la mayoría de los que reciben esta respuesta en una conversación, pero os aseguro que no os engaño.

Vivir en directo la experiencia del proceso de cambio político de fondo de una sociedad es apasionante. Una comunidad política que asume, de una manera abrumadoramente mayoritaria, que tiene derecho a decidir su futuro político y que está dispuesta a luchar por él por todas las vías democráticas que tiene a su alcance. Una ciudadanía movilizada que hace activismo en la calle, que se organiza y que abre multitud de foros de reflexión y debate. Y unos partidos políticos, la mayoría de ellos, que han asumido con valentía la gestión política e institucional de este proceso que está en marcha. ¡Qué más puedo pedir! para una apasionada por la política como yo es un regalo y una suerte.

Evidentemente, en medio de estas dinámicas, se generan tensiones y conflictos -como en cualquier proceso de cambio-, pero todos se han resuelto, se resuelven, y es previsible que sigan resolviéndose por vías democráticas.

Los ciudadanos que vivimos y trabajamos en Cataluña, la inmensa mayoría, vivimos todo esto como un proceso propio, un proceso del que somos parte activa todos -en igualdad de condiciones-, independientemente de cuál sea nuestro origen o nuestra lengua materna. Como es obvio sentimientos y posicionamientos hay de todo tipo, una gama con toda la diversidad que se puede imaginar, sobre todos los temas en debate y sobre la cuestión clave: independencia sí o no.  Unas posiciones que son el resultado de preferencias personales y de las opciones ideológicas políticas, y que no tienen que ver, en la gran mayoría de los casos, con el origen o la lengua que se habla.

Por eso yo, que soy y me siento española, vivo con ilusión este proceso político y participo activamente como ciudadana de Cataluña. Por eso defiendo activamente que la mejor vía democrática, la que da más garantías de participación a la ciudadanía es votar en una consulta el próximo 9 de noviembre. Hoy faltan exactamente tres meses. ¿Qué votaré? Creo que por lo que he explicado ya se intuye, pero prometo contarlo en otro post.